lunes, 5 de abril de 2021

La política y el tiempo del Eclesiastés

 


En la política como en el salmo del Eclesiastés “todo tiene su tiempo”. Pero, como la política es una ciencia y un arte a la vez, también hay que saber “combinar los sonidos con las secuencias del tiempo”.

 “Todo tiene su tiempo…”, dice el Eclesiastés: “Tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar y tiempo de curar; tiempo de destruir y tiempo de edificar y tiempo de llorar y tiempo de reír”.

 También, “tiempo de lamentar y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras y tiempo de juntarlas; tiempo de abrazar y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo de guardar y tiempo de desechar; tiempo de rasgar y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar; tiempo de amar y tiempo de a aborrecer;  tiempo de guerra y tiempo de paz”.

 Sin embargo, en política los tiempos son menores. El tiempo de nacer y de plantar se origina con los cambios; el de destruir, el de edificar, se hace con reformas; el de abrazar, abstenerse de abrazar, callar y hablar, se hace en el consenso; el de guerra y paz, se resumen con ejecutorias.

 Es decir, en el Eclesiastés como en la política, hay tiempo para todo, menos para dejar que pase el tiempo, porque el tiempo de aborrecer o amar corresponde a las elecciones.

 Todo debe ser “on time”, como se diría en inglés, porque como arte debe ser como la música: “combinar los sonidos con el tiempo”, sin importar la popularidad del ritmo, para que al final el tiempo de cosechar sea de “vosotros”.

 

 

 

 


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